CUENTOS, MITOS Y LEYENDAS DE SOTAQUÍ

I PARTE 

 

 


MILAGROS Y TRAVESURAS DEL NIÑO DIOS DE SOTAQUÍ

Son muchas y variadas las versiones de las historias que cuentan las travesuras y milagros del Niño Dios de Sotaquí, algunas de ellas sobresalen por su ingenuidad o lo sobrenatural, y otras por el carisma de fe que algunas personas le han dado y que no aparecen escritas en los designios de la imagen del infante patrono del pueblo de Sotaquí. A continuación, les narromos algunas de ellas.


1. La gran sequía

Cuentan que hace mucho tiempo, el Norte chico -sobre todo la cuenca del Limarí- se vio afectado por una gran sequía que se prolongó por unos cuantos años. La tierra no producía cosecha, había una gran escasez de alimentos y el agua era escasa hasta para beber. Dicen que la imagen divina del Niño Dios reflejaba una gran tristeza, y que Él tomaba forma humana y salía a recorrer los campos áridos y desolados. Muchos testigos afirman haberlo visto caminando por esos lugares y que cuando retornaba a su altar, era común encontrarlo con sus zapatitos llenos de tierra y sus vestiduras con amores secos y pegapegas.

En vista de que las lluvias no se dejaban caer, el alcalde y algunos parroquianos solicitaron al cura párroco, don Juan Manuel Alcaide, hacer una procesión con la imagen del Niño para implorar a Dios, por intermedio de su primogénito, la lluvia que tanta falta hacía para los campos. El señor Cura accedió a dicha petición: bajaron del altar al Niño Dios, lo vistieron con su mejor traje y lo pusieron en el anda de fiestas, adornada con flores hechas de papel, ramas de pino y palmeras. Los bailes chinos y cantores cantaron y declamaron pregones:

"Ya marchando otro año
los escollos son tantos
que te pido, Dios mío,
anegado en el llanto,
que ilumines la senda,
que suavices las rocas
de este áspero vino
con las perlas que brotan
de tus ojos divinos;
que a raudal ellas caigan
cual torrente de amor
y fecunden los campos
y se adornen de flor."

Culminó el acto de petición llevando al Niño Dios en solemne procesión por las calles del pueblo.

A los pocos días después de haber realizado este desesperado y contrito acto de fe, comenzó a llover de forma copiosa durante cinco días seguidos en los campos de la comarca.

Y cuentan que fue tan bien venida esta lluvia que hasta el propio Niño Dios salió a recorrer los campos verdes. Más tarde, regresando el Niño al templo, era muy común ver en sus zapatitos rastros de lodo y teñidos de pasto verde.

Comentario. Realmente, el 5 de junio de 1925 fue cuando se realizó dicha procesión para implorar por la lluvia. A modo de anécdota, algunos cuentan que fueron tan intensas y prolongadas las lluvias que se dejaron caer, que de sequía se pasó a grandes estragos y que muchos solicitaron al cura párroco sacar nuevamente al Niño Dios en procesión para que dejara de llover.


2. El niño travieso

Se cuenta por ahí, que el Niño Dios suele bajar de su altar para salir a jugar con algunos niños del pueblo. Muchas personas afirman haber jugado con El en su infancia y que cuando se acercaba alguna persona mayor, el Niño desaparecía por arte de magia. Otros dicen que era muy común que las ropas y zapatitos del Niño Dios se ensuciaran frecuentemente durante estas correrías.

Cabe recordar que, según la tradición oral, la señora Antonia Pizarro habría encontrado la imagen en Samo Alto, cuando unos niños jugaban alegremente con ella.


Según otra de las versiones, se dice que esta piadosa señora, al ver al Niño jugando casi desnudo, lo tomó de un brazo para reprenderlo, convirtiéndose por esta razón en estatua.

Más recientemente, al Niño Dios solía vérsele a menudo jugando en solitario o con otros niños en el bosque de la Plazuela, en Sotaquí. En la segunda mitad de la década de 1980, escuché de algunos niños acólitos que en cierta ocasión se les habría aparecido en el templo y los habría invitado a jugar a esconderse entre las bancas. Agregaban que cuando miraron al altar ya no estaba la imagen en su pedestal.


3.Vamos, niños, al Sagrario (Graciela Carvajal Cortés (Q.E.P.D)

En tiempos de la primera guerra mundial - por ahí por 1915- el mundo y Chile experimentaban fuertes cambios y grandes revoluciones, muchas de ellas muy violentas. Los hombres se alejaron un poco de Dios y otros por ideologías lo negaban.

Las familias pasaban hambre, los niños ya no se educaban bien, muy pocos bautizaban a sus hijos y solo algunos los enviaban a la catequesis.

Se cuenta que, por este motivo, en esos años era muy común ver en la carita del Niño Dios lágrimas de tristeza y soledad.

Viendo todo esto, a una hermana del curita párroco, don José Felipe Jofré, se le ocurrió una idea que creía vendría a solucionar el problema. Con la aprobación del Curita, la señorita comenzó a entusiasmar a los niños para que fueran a la iglesia a catequesis, pero lamentablemente no había mucho entusiasmo de parte de los niños, y menos de sus padres.

Para revertir esta situación, la hermana del señor Cura y otras piadosas mujeres acordaron hacer por siete días oración al Niño Dios, para que se produjera algún milagro que cambiara la actitud de los padres y dejaran ir a los niños a catequesis.

Después de los siete días de oración, la hermana le pidió al señor Cura que oficiara una misa el día domingo por la mañana, y el curita accedió a la petición.

El domingo por la mañana las campanas repicaron fuerte y largamente, despertando la curiosidad de los padres, quienes decidieron enviar a los niños a la iglesia para ver qué pasaba.

La iglesia estaba abierta, pero no llegaban los feligreses. Poco antes de comenzar la misa, la hermana del señor Cura, que era una excelente pianista y organista, se puso frente al viejo órgano y comenzó a cantar una vieja canción, que decía más o menos así:

Vamos, niños, al sagrario,
Que Jesús llorando está.
Pero habiendo tantos niños
Muy contento se pondrá.

No llores, Jesús, no llores,
¿Quién te puede hacer llorar?

Vamos, niños, todos juntos
Que Jesús esperando está,
Y habiendo tantos niños
muy contento se pondrá.

No llores Jesús, No llores
Quien te puede hacer llorar.


Así fue como, poco a poco, fueron llegando los niños enviados por sus padres para ver qué sucedía, ya que no era muy común que el día domingo hubiera misa tan temprano.

Entonces el curita se alegró mucho, hizo una misa especial para los niños. Terminada la misa, los niños se quedaron, mientras las catequistas le enseñaban sus primeros rezos y luego los llevaron a tomar un rico desayuno con chocolate y tortas.

A partir de ese día domingo, el señor Cura decretó que todos los domingos por la mañana se haría la catequesis dominical para los niños, una tradición que se mantuvo en Sotaquí hasta la década de los años 80, y ya nunca más se le vio triste al Niño Dios.
Ilustración - libro "Tres Cuentos de navidad"  (Manuel Gallardo)

4. El ladrón de templos

Cuando corrían los años treinta del siglo XX, una penosa noticia se hizo escuchar en el pueblo de Sotaquí: habían robado del Niño Dios el mundo de oro que sostiene en su mano derecha y el corazón de plata que pende de su cuello, ornamentos que fueron obsequiados por doña María Toro viuda de Tapia en gratitud por un favor concedido. (Ver Primeros testimonios de prodigios del Niño Dios de Sotaquí ).

Esta nefasta noticia alarmó mucho a la comunidad sotaquina, pero las investigaciones no dieron fruto y nunca se pudo atrapar al profanador que realizó este sacrilegio.

Pero el ladrón no contaba con la astucia de un señor muy corredor que solía saber todo lo que sucedía en pueblo. Un día este señor habló con el cura párroco porque tenía más de algunas sospechas de quién era el ladrón y solicitó a que lo dejaran poner un pequeño cartel en la entrada del templo, para así identificar y descubrir al autor del robo. No dio nombre alguno, porque le faltaban algunas pruebas, pero pensó que con este escrito el ladrón sería desenmascarado.

Así fue como este señor, con la autorización del cura párroco, puso un letrero en la entrada del templo el que decía:

"Piadoso hombre de malas costumbres,
ruega al Niño Dios que encuentres
trabajo en las altas cumbres."


El hábil investigador creía que el ladrón era un hombre que había llegado del norte y cuyo oficio era el de minero y que por falta de trabajo se habría asentado en Sotaquí. Además, era un hombre que desde su llegada acostumbraba visitar todos los días el templo, especialmente cuando no había mucha gente en su interior.

Tal parece que este señor se sintió muy afectado por lo que decía el cartel, así que un día, de la noche a la mañana desapareció de Sotaquí, sin previo aviso y sin dejar rastro alguno. Fue así como este ladrón solo se acusó de su fechoría y la policía comenzó su búsqueda, pero jamás se le pudo encontrar en lugar alguno.

GLOSARIO

Corredor: Familiar y metafóricamente, el chismoso que lleva y trae cuentos de una parte a otra.

Isla: Sectores del rio donde se producen claros entre la vegetación, y que los agricultores aprovechan la limpieza del terreno para cultivar o también lugares altos del rio que no se inundan por las bajadas de rio y quebradas en años lluviosos.

Plazuela: Antiguo nombre del huerto San Gabriel del potrero El Sauce, ubicado en el sector posterior del templo que llega hasta la quebrada.

Bibliografía

- Alex Ortiz Núñez,  Investigaciones y Archivo Personal.
- Bartolomé Esteban Murillo, cuadro "Los Niños de la concha".


logo
logo

Copyright © 2019 - JJVV Sotaquí - Webmaster ciber@fon

logo ssl