CUENTOS, MITOS Y LEYENDAS DE SOTAQUÍ

II PARTE 

 

 

En las siguientes páginas encontrar algunas cuentos, mitos y leyendas de Sotaquí. Algunas de ellas tienen un denominador común con otras leyendas generalizadas en Chile y en Latinoamérica, pero con su propia versión sotaquina, además, de otros antiguos cuentos propios de la idiosincrasia y del folclore populares locales..

EL TESORO DE GUAYACAN


Según cuentan algunas personas antiguas de Sotaquí, parte del tesoro de Guayacán se encuentra escondido en las inmediaciones de Sotaquí, entre los cerros que rodean a este pueblo, hacia el sector de Quebrada Seca.

Se cree que Sir Francis Drake y los corsarios ingleses que comandaba, que habían arrebatado los tesoros a la Corona española y que acostumbraban atacar y saquear los puertos de las costas del océano Pacífico, no escondieron sus tesoros en la bahía de Guayacán en Coquimbo, por motivos obvios y estratégicos, y que estos huyeron con el botín divido en dos partes; una parte la ocultaron al interior del valle de Elqui y la otra en el valle de Limarí, en el sector de Sotaquí.

Muchos sotaquinos dedicaron gran parte de su tiempo a investigar y buscar este tesoro, entre ellos don Manuel Tapia y don Ramón Ortiz, quienes más de alguna vezcontaron que habían encontrado en la cumbre del cerro El Indio, hacia el lado sur-este de Quebrada Seca, una vieja puerta de hierro enclavada en la tierra y con gruesos candados, y que por falta de personal y herramientas no pudieron abrirla, postergando esta labor para otra ocasión. Pero, al volver al sitio, nunca más pudieron encontrarla.

LA PUERTA DEL TESORO

Viste de Sotaquí desde el cerro El  Indio
Hace algunos años mi abuelo me comentó sobre una puerta misteriosa que se había encontrado en unos de los cerros que rodean a Sotaquí.
Uno de los que estuvo presente en el hallazgo, fue don Manuel Tapia, maestro albañil muy conocido en el pueblo, quien tenía la habilidad de hacer correr la vela para buscar entierros y tesoros.
Don Manuel, también conocido como el Gato Tapia, trabajo con mi abuelo y mi padre construyendo lo que es hoy la casa de la esquina en calle Matta con Prat. Ahí yo no perdía oportunidad para que don Manuel me contara historias de diablos y entierros. Fue entonces cuando me narró esta historia, que ahora les cuento a ustedes.
“Hace años, cuando éramos más jóvenes, con tu abuelo Ramón y otros fulanos más, entre ellos Humberto Muñoz (el Patito Humberto), andábamos por el cerro El Indio, buscando algún indicio de la teoría de tu abuelo: que parte del tesoro de Guayacán estaba enterrado en algún cerro cerca de Sotaquí.

En varias ocasiones subimos a varios cerros, y aquella vez subimos al cerro El Indio, por el lado de Quebrada Seca, ya que era menos empinada la subida. Cuando llegamos a la cuchilla del cerro, comenzamos a caminar y a bordearlo desde interior de la quebrada hacia el frente del Guindo Alto.

Yo había recorrido muchas veces este cerro trabajando en las minas, así que ese sector lo conocía muy bien.

Entonces le dije a Ramón: “Caminemos un poco más hacia El Guindo, más allá hay unas rocas justo sobre la cuchilla del cerro, ahí puede haber algún indicio”.

Caminamos hacia las rocas. Cuando llegamos, ya era pasado las 12 del día, así que decidimos descansar y hacer algo de comida antes de empezar la búsqueda en ese sector.

Después de la merienda, nos separamos de a dos para comenzar a buscar alguna señal que nos permitiera dar con el tesoro. Tu abuelo iba con el Pato Humberto y comenzaron a buscar por la ladera que da para Quebrada Seca.  Después de 3 horas, aproximadamente, el Pato Humberto corrió hacia nosotros a avisarnos que habían encontrado algo.


Así fue como corrimos hacia ese sector, a unos 150 metros de la cuchilla del cerro, en un lugar no tan empinado. Ahí estaba don Ramón, golpeando el suelo con una pequeña barreta.

Ramón me dice: “Veníamos ya de subida y yo golpeé aquí con la barreta y el suelo sonó como si hay algo metálico aquí”.

Pronto comenzamos a despejar ese sector de la tierra. Habríamos cavado como unos 20 centímetros, cuando poco a poco se fue viendo asomar una vieja puerta metálica como de 2 por 1,5 metros, tenía dos aldabas de fierro y dos grandes candados viejos.

“Aquí, debe haber un tesoro”- todo pensábamos, porque era muy extraño encontrar una puerta así en un cerro.

Una vez que estuvo todo despejado, descansamos un rato y conversamos sobre el asunto, a ver qué podíamos hacer. Como ya era tarde, estaba casi oscureciendo y había que bajar luego el cerro, decidimos probar qué tan duros eran los candados y abrirlos a barretazos, y después dejar tapado y volver al otro día.


Entonces el Pato Humberto comenzó a pegarle a los candados con otra una barreta grande y pesada, salían chispas, cuando de repente suelta la barreta de un golpe y sube corriendo el cerro gritando: “Corran, corran de las culebras que hay en el hoyo”. Todos nos miramos muy extrañados, ya que nosotros no veíamos nada.

No hubo caso que el hombre bajara al hoyo nuevamente, estaba muy asustado, entonces le dije a don Ramón: “Estas no son horas de excavar, ya que estos entierros tienen maldiciones”.


“Así nomás -dijo Ramón-, tapemos esto con montes, dejemos unas marcas aquí y encima del cerro, y mañana volvimos muy temprano con buenas herramientas y abrimos la puerta”.

Así fue como tapamos la puerta y dejamos unas marcas como señales. Ya estaba casi oscuro y comenzamos a bajar el cerro en fila hacia Quebrada La Higuera, por los viejos y angostos caminos que dejan las cabras y los mineros.

Al otro día subimos de madrugada al cerro, según lo acordado. Llevábamos barretas, combos y palas, y hasta 3 cartuchos de dinamita.

Al llegar al sector ya eran como las 9 de la mañana. Comenzamos a buscar las marcas que habíamos dejado de señales y no encontramos ninguna. Ramón dijo: "Yo estos seguro que este es el lugar, donde comenzamos a buscar la puerta que habíamos dejado cubierta con montes".


Finalmente, todo fue en vano. Después de 4 horas de búsqueda no encontramos nada de nada.

Así fue como se nos perdió la puerta y nunca más la pudimos encontrar. Dicen que, si tú buscas un entierro, no debes ir con miedo, y menos con avaricia, de lo contrario el entierro se correrá.


Quizás alguno del grupo tuvo miedo y codicia, por eso nunca más encontramos esa extraña puerta.



EL SONIDO DE LAS CAMPANAS

Cuando se produce el levantamiento de la Escuadra Naval chilena, suceso que dio origen a la revolución o guerra civil de 1891, el país estaba afectado por violentos hechos de sangre y violencia interna. Cada una de las partes en conflicto buscaban y enrolaban por la fuerza a hombres para ir a la guerra. Muchos hombres, especialmente jóvenes, se ocultaban para no ser enrolados en cualquiera de las dos fracciones antagonistas.

 

Pero como los destacamentos que se encargaban de reclutar a los hombres llegaban sin previo aviso al pueblo, se creó un sistema de alarma, el que consistía en tocar las campanas de las haciendas (las que llamaban a la jornada laboral a los peones), dando aviso oportuno para que los hombres sanos y aptos para luchar se escondieran, muchos de estos se ocultaban en el entretecho y campanario de la iglesia antigua, la que se ubicaba en el sector del Paltal

 

 


LA LLORONA

Muchas personas sotaquinas aseguran de la existencia de la Llorona. De ella se dice que es un alma en pena que cada cierto tiempo camina por las calles y sobrevuela por el pueblo Sotaquí.

En la mitología chilena y latinoamericana existen variadas versiones de esta leyenda, dependiendo de la zona geográfica y sus creencias populares.

Versión generalizada:

Se cuenta que la llorona es un espíritu de una mujer que tenía tres hijos y que estaba muy enamorada de un galán de alta alcurnia.

Durante un tiempo mantuvieron su relación en forma muy oculta, ya que para este hombre no era muy favorable que la gente supiera que tenía una mujer con tres hijos que no eran de él.

La mujer deseaba casarse con este galán, pero existía el inconveniente de sus tres hijos: los prejuicios sociales se lo impedían. Entonces esta mujer, en un arrebato de ira y de locura, una noche da muerte a sus 3 hijos, para así poder casarse con su enamorado.

El enamorado, horrorizado ante este crimen, la dejó y la denunció a la policía. Ella, en vista de que su acto no trajo ninguna consecuencia para poder casarse con este hombre, y con la mente mas despejada se dio cuenta del horrible crimen que había cometido y se quitó la vida.

Es por eso que el alma atormentada de esta mujer divaga por los campos y las ciudades, llorando de arrepentimiento por el horrible crimen que cometió con sus tres hijos. 

La versión sotaquina de esta leyenda nos cuenta que la Llorona es el espíritu de una mujer que se suicidó después que su enamorado la dejó esperando a los pies del altar por otra mujer, pero antes prometió vengarse con todos aquellos hombres infieles que escucharan su desgarrador llanto.

 

El espíritu de La Llorona comienza su deambular desde la población CORVI, en donde se encontraba ubicado el antiguo cementerio del pueblo. Su llanto se puede escuchar a nivel del suelo, luego comienza a elevarse por el aire en busca de aquellos varones que han sido infieles a sus esposas o novias, y si alguno de estos tiene la desgracia de verla, el horror de la visión sobrenatural le provoca un infarto al corazón que termina causándole la muerte.

 


GLOSARIO

Cementerio: El antiguo cementerio de Sotaquí, se encontraba ubicado en el potrero donde actualmente se ubica la población CORVI, en sector de la plazoleta. En este sector se han encontrado muchas osamentas humanas y muchos creen que este era un cementerio indígena, lo cual, no es correcto.

Iglesia: La anteriror iglesia a la actual iglesia se encontraba ubicada en el sector del Palta.

Bibliografía

- Alex Ortiz Núñez,  Investigaciones y Archivo Personal.
- Fernando Ortiz Munizaga, Fotografía
- José Gabriel Gaona Núñez, dibujos
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