CUENTOS, MITOS Y LEYENDAS DE SOTAQUÍ

VI PARTE 

 

 


EL CULEBRON DEL CEMENTERIO DE SOTAQUI  

Quizás uno de los mitos y leyendas mas expandidos en todo Chile y en Argentina, es el del Culebrón, este mito está muy arraigado en nuestra región, debido a algunas creencias diaguitas, quizás por eso es que en cada valle hay más de alguna sector o quebrada llamada El Culebrón.

Son muchos los testigos que afirmar haber visto a este tipo de reptil de hábitos nocturnos, con una cabeza muy grande, con dientes muy grandes y filudos, en su cabeza lleva un mechón de pelos como si fuera una cresta de gallo, su piel es gruesa y peluda, no mide más de 2 metros. Se alimenta de leche, carroña y pequeños animales, aunque dicen que muchas veces ha atacado a algunas personas.

Se dice que siempre deambula por las noches cerca de los cementerios o es el guardián de algún entierro o tesoro.
Se dice que siempre deambula por las noches cerca de los cementerios, o que es el guardián de algún entierro o tesoro.

Recuerdo que más de alguna vez mis tías abuelas me contaron, en las frías noches de invierno, alguna historia sobre esta mítica serpiente.

Cuentan que, por los años 1910 a 1930, el padre de mis tías abuelas era el encargado de las caballerizas y establos parroquiales, y del antiguo cementerio de Sotaquí. En este lugar y al atardecer, mi bisabuelo habría visto más de alguna pareja de culebrones entrando y saliendo de sus madrigueras.

El antiguo cementerio estaba ubicado en el sector de la actual población CORVI, cerca de la actual plazoleta. Una vez que este fue clausurado y que el propietario de la hacienda de Sotaquí, donara los terrenos para el actual cementerio parroquial, muchas tumbas no fueron cambiadas por sus deudos, quedando restos de osamentas sepultados en ese sector. Se cuenta que de los culebrones que vio mi bisabuelo, uno se cambió al nuevo cementerio, y el otro quedó vagando por el sector de la CORVI.

Respecto del culebrón que se fue a vivir al actual cementerio, se dice que ha sido visto por los sectores de la huesera y del lugar donde se enterraban a los niños moros o niños no bautizados. Uno de los hermanos Michea (el John Lennon) una vez me comentó que una noche, cuando iba para su casa, cruzó el cementerio para acortar camino, y en el lugar donde se ubica la Cruz del Calvario, le salió un culebrón. El susto fue muy grande, los ojos del enorme reptil le brillaban como linternas y sus dientes blancos destellaban por el reflejo de la luna llena. Tal fue el susto que se devolvió a tomarse otras maltitas donde doña Amelia y no volvió a su casa por ese camino, sino que se fue por el medio de la quebrada.

Nota: Como hay muchos testigos que afirmar haber visto el culebrón chileno, hace algún tiempo leí por ahí que la Universidad de Chile y el Museo Natural de Historia, hace más de 80 años que tiene una recompensa para aquel o aquellos que capture (n) vivo o muerto un culebrón.

EL FANTASMA A CABALLO  

Se cuenta que, en el primer cuarto del siglo XX, en el sector del potrero La Tara, por años se dejaba ver un espectro que atemorizaba a aquellas personas que vivían en ese potrero, y a aquellos que muy de noche pasaban por ese sector para dirigirse al otro del rio, donde había varios caseríos.

Este fantasma montaba un enorme caballo percherón negro -espectro también-, muy peludo y que tenía una larga cola que azotaba todo lo que encontraba a su paso. Llevaba puestos una enorme manta de alpaca negra, un sombrero de paja y botas con grandes espuelas grises, y en una de sus manos blandía un rebenque, al que hacía sonar azotando los montes y todo lo estuviera a su paso.
Muchas personas aseguraban haber sido perseguidas por este fantasma, chillando fuertemente tras ellas, pero que la persecución jamás pasaba más arriba del Canal Grande y de la ribera del río.

Se dice que este espectro era el alma en pena de un afuerino que solía venir a Sotaquí cuando había rodeos, y que, en una de esas ocasiones, en una riña producto de una apuesta, fue apuñalado cruel y cobardemente por la espalda.

Se cuenta que antes de morir maldijo y juró vengarse de sus asesinos, de uno a uno, hasta que todos hubieran pagado su culpa.

LOS DUENDES DEL SAUZAL  

El Sauzal es el nombre antiguo que tenía el sector de lo que hoy en día es la pisquera Control y la cancha de futbol, colindante al sector de La Vara, donde se realizaban las carreras a la chilena.

Se cuenta que, en la primera mitad del siglo XX, hubo muchas apariciones de duendes o gnomos en este sector, donde había una extensa vega de chépica, poblada de grandes sauces llorones y cardos.

Generalmente las apariciones de estos seres mitológicos, se manifestaban a los niños que jugaban y pasaban por el sector, entrando el atardecer, y a los adultos que caminan por la noche entre el pueblo y el sector de la hacienda Las Palmas (La Providencia).
Don Bartolo Urqueta (el abuelito Bartolo) me contó, cuando yo era niño, que una vez las vacas de la hacienda Las Cañas, donde él trabajaba, fueron llevadas a pastar a este sector. Como a las 7 de tarde, en invierno, él y otro peón de la hacienda fueron a pie a arrear el ganado. Se entraron en este sector, cubierto de espesa vegetación, y se dieron cuenta que las vacas estaban en la parte alta del pueblo que colinda con la línea del tren. A cada paso que daban caminando hacia allá, se sentían observados por muchos ojos, y las lámparas que llevaban no era mucho lo que alumbraban como para ver bien… El miedo los invadió y apuraron el paso, pero mientras más rápido avanzaban, sentían que más fuerte era el movimiento de las ramas de los sauces, como si fueran monos saltando de árbol en árbol
Oían murmullos y risas de entre los sauces; a ratos, el miedo casi los paralizaba. Si no hubiera sido por la tenue luz de las lámparas que les alumbraba el camino, no podrían haber avanzado hasta el lugar donde estaban las vacas. Desde allí miraron hacia abajo y pudieron ver cómo continuaban moviéndose las ramas de los sauces, y cómo los ojos de los duendes brillaban cual bolitas de vidrio de distintos colores.

Por el miedo que les produjo esto, tomaron la decisión de llevar el ganado hasta la línea del tren, y así tomar el camino de regreso por la vía férrea, hasta la hacienda Las Cañas, y apurando el paso antes de que pasara el tren de las 8 de la noche.
Recuerdo que, por ahí por los años ’70, era muy común que los niños jugáramos en el sector del bosque de eucaliptus, donde hoy se emplaza la planta de pisco Control, donde -a un costado de la cancha- vivían los niños Pizarro y los Guerra (el Vilo, Hippie.) La señora Luz, mamá de los Guerra, nos encargaba que de vuelta le lleváramos leña y tola, y que debíamos estar de vuelta antes que se entrara el sol para que no se nos aparecieran los duendes, porque a ella se le habrían aparecido y molestado, más de alguna vez, cuando buscaba y recogía leña en el bosque.

24 DE AGOSTO: DIA DE SAN BARTOLO

Cuando niños, con algunos amigos solíamos jugar a la pichanga en la cancha de la estación, hasta que ya era muy tarde; y en invierno, al oscurecerse, nos cambiamos a jugar bajo la luz de un poste de la esquina de calle Matta con Prat, cuando la carretera y las calles del pueblo aún eran de tierra.

En vísperas de cada 24 de agosto, las personas mayores nos decían que nos fuésemos a la casa, ya que pasada las 12 de la noche sería el día de San Bartolo o San Bartolomé, y que esa noche el diablo anda suelto; porque, según la tradición, San Bartolomé Apóstol era el guardián que mantenía encadenado al Diablo y que por esa noche lo dejaba libre.

En Sotaquí, esa era la noche del miedo, hoy en día se podría llamar la noche de Halloween, claro que en ese entonces todos los niños e incluso los adultos se iban a sus casas, pero no disfrazarse para pedir golosinas y dulces, sino que a encerrarse hasta el otro día.
Se contaba en Sotaquí que antiguamente, en vísperas del día de San Bartolo, después de las 10 de la noche nadie andaba por las calles del pueblo, porque el Diablo anda suelto, arrastrando unas pesadas y largas cadenas y haciendo de las suyas1.

El maldito encadenado solía aparecer en las higueras que estaban en la subida de la población Ferronor. Desde allí, bajaba y se paseaba por todo el pueblo. Su ropa era de color negro, a la vista llevaba sus cachos y cola, y en uno de sus pies, un grillete con largar cadenas que sonaban y sacaban chispas en las veredas.

Se decía, sentenciosamente: “Si alguna persona llega a encontrarse con el Diablo en la calle, el día de San Bartolo, el maldito se apoderará de su alma; y “si alguien llega a verlo desde su casa, a través de la ventana, pronto algún miembro de ese hogar morirá”.

1. Por eso, de una persona que anda haciendo de las suyas tarde de la noche, se dice que “anda bartoleando”.

GLOSARIO

Antiguio  cementerio
:  Hay registros históricos que indican que la parroquia es propietaria de los terrenos del cementerio desde 1880. Este terreno se ubica en la parte alta en los terrenos del sector de Santa Filomena, pero el traslado definitivo de los restos comenzó a realizarse a principios de 1900.
En este sector se han encontrado muchas osamentas humanas y muchos creen que este era un cementerio indígena pre-colombino, lo cual, no es correcto.

Sector de los moros: Este sector, hasta hace unos 40 años, aún existía y se ubicaba hacia la izquierda del mausoleo del Club San Pedro de El Guindo.

La Tara:  Potrero ubicado más allá del Canal Grande, hacia el río; al lado norte de donde estaba la media luna de Sotaquí.

Bibliografía

- Alex Ortiz Núñez,  Investigaciones y Archivo Personal.


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